
Se encargó de presentarlo Javier Expósito Gómez, testigo directo de la fundación de la hermandad y amigo incondicional, que no dejó escapar la ocasión de mostrar con sus afectuosas palabras, la admiración y el cariño que le unen a Ángel y que quedaron plasmados en un fortísimo abrazo. “Alabado sea el Santísimo Sacramento del Altar; sea por siempre bendito y alabado”.
De esta manera, comenzó a tejerse una exhortación en la que paralelamente, se entrelazarían distintos hilos: Sus padres, su abuelo, su familia y su infancia, génesis de todo lo que es y hace. Las cofradías y hermandades de pasión, que a modo de bienaventuranzas, sirvieron de eje central de la exhortación.
Rocío, “por ser junto a nuestra hija el todo de mi subsistir, por apoyarme en todo, por ser la verdadera precursora de todo esta locura”. Un relato, en el que quedó plasmada su fe firme en Dios, su admiración a Juan Pablo II, y su no rotundo al aborto. Su reconocimiento a la labor de la Unión de Cofradías y a las personas que son y viven “Prendimiento”.
Una entrañable y profunda explicación de lo que es esta bendita hermandad, que terminó humedeciendo los ojos, de los que aún se resistían a llorar emocionados. Con un golpe del llamador en manos del capataz, finalizó el recorrido personal, del hombre que un día tuvo un sueño y lo convirtió en hermandad.